El Viento Sopla: Here You come running my Lover to me

biblia

Lo había escuchado “la palabra de Dios es viva y eficaz”, lo sabía “más cortante que toda espada de dos filos”, pero nunca había sido tan claro “penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. Y entonces un día el Rey del Universo habló… y las lágrimas ya no se pudieron detener.

El Rey había esperado tanto para recitar esas palabras, para susurrarlas en su oído, con tanta dulzura, con tanto amor. Pero necesitaba que ella estuviera quieta, que se detuviera a escuchar, que dejara atrás toda su falsa seguridad y esperanza. Que lo mirara a los ojos y sólo escuchara.

Él la tomó de la mano y la llevó lejos, lejos del ruido. La llevó a un lugar donde la verdad cortaba como un vidrio en los pies descalzos, donde el dolor quemaba como fuego de la garganta al pecho, donde los ojos estaban rojos y la vista cansada. Entonces se detuvieron, ella se recostó en el pasto y durmió por días, hasta que el viento suave, acariciando sus mejillas, la despertó.

Entonces el Rey la abrazó y le pidió que volviera a cantar, que cantara una canción nueva, una que fuera solamente suya. Ella se levantó y entonó la canción que nunca antes nadie había escrito. Su voz resonó fuerte entre los árboles y las montañas, retumbó y espantó las sombras que vagaban cerca del bosque.

Y luego sus ojos se abrieron, su visión era tan clara que pudo ver más allá de las montañas a los niños que corrían descalzos en la plaza. Ya no hubo palabras, ella miró al Rey con una sonrisa, lo tomó de la mano y corrieron hacia allá.

Los caminos que antes habían estado llenos de dolor ahora sólo la llenaban de certeza, de paz, de libertad. Esa libertad de correr con la brisa golpeando en su rostro de la mano de su amado. Así llegaron nuevamente al valle, en donde el hielo empezaba a derretirse, las flores empezaban a brotar y los animales salían de su letargo.

El Rey le entregó entonces un nuevo libro, con hojas blancas y suaves para que lo llenara de recuerdos nuevos. Ella lo abrió y en la primera hoja estaba una dedicatoria…

Mi amado me habló y me dijo:
«¡Levántate, amada mía;
ven conmigo, mujer hermosa!
11 ¡Mira, el invierno se ha ido,
y con él han cesado y se han ido las lluvias!
12 Ya brotan flores en los campos;
¡el tiempo de la canción ha llegado!
Ya se escucha por toda nuestra tierra
el arrullo de las tórtolas.
13 La higuera ofrece ya sus primeros frutos,
y las viñas en ciernes esparcen su fragancia.
¡Levántate, amada mía;
ven conmigo, mujer hermosa!»
14 Paloma mía, que te escondes
en las grietas de las rocas,
en las hendiduras de las montañas,
muéstrame tu rostro,
déjame oír tu voz;
pues tu voz es placentera
y hermoso tu semblante.
15 Atrapen a las zorras,
a esas zorras pequeñas
que arruinan nuestros viñedos,
nuestros viñedos en flor.
16 Mi amado es mío, y yo soy suya;
él apacienta su rebaño entre azucenas.

Nota: Este post es la continuación post anterior.

2 thoughts on “El Viento Sopla: Here You come running my Lover to me”

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